Símbolo

Nuestra madre fundadora tomó las iniciales del nombre de Jesús, dejándolo como contraseña en el hábito de las hermanas.

Durante toda la vida nuestra madre fundadora Teresa Cortimiglia, cultivó con amorosa solicitud esta devoción del nombre de Jesús y la difundió con celo apostólico, dejándola en herencia a sus hijas espirituales. En el primitivo reglamento redactado por ella en persona se lee:

el santísimo nombre de Jesús debe aromatizar la lengua de las hermanas, de sus labios broten alabanzas armoniosas a Jesús que es Luz, dulzura, armonía, paz para quién lo ama. Ingéniese cada hermana para hacer enamorar cada vez más ardientemente el corazón de sus compañeras, haciéndolo resonar en sus oídos: ¡Jesús! ¡Jesús! este nombre será su felicidad si en la vida lo ha invocado con ardor, con respeto, con amor… será su gloria en el cielo y lo tendrá como ornamento en su frente. Nombre de su esposo, que no dejará de complacer, consolar, endulzar el corazón de quién lo ama y llama”.