Escritos de la fundadora

¡Jesús, si Tú supieras cuanto te amo! Ansió vivamente agradarte solo a ti, que eres mi única esperanza. Mi alma ya no aspira al placer de las criaturas, ¡de ningún modo! El gusto de ti es la vida mía, es la regla de mis acciones, es el fin de mis deseos.

Haz, pues, Jesús, que en ti se colme mi vida, que tu gusto tenga en mi pleno poder y completa satisfacción.

Los humanos me contradicen, pero tú me entiendes y me proteges. Los humanos me calumnian, pero tú me honras, haciendo gustara esta indigna siervatuya tu cáliz amargo pero dulce solo para el que ama, y a cuantos conocen la felicidad, la preciosidad de padecer participando de tu vida, vida que fue salud del hombre.

Llamándome a militar bajo las banderas de ti crucificado, he vuelto útil para mí tu sangre. ¡Feliz de mí!, que a tanto honor fui de ti llamada y consolada.

¿Cómo podre yo, Jesús, agradecerte por tu graciosa elección ¿ Cómo podre yo creerme digna de tanta gracia?

Los humanos no conocen tus altos designios sobre mí, vilisima criatura. Ellos, sin saberlo, son ministros de tu divina voluntad, cooperando así a mi santificación.

Por estas tan continuas dificultades reconozco la perfecta unión contigo, mi único tesoro, meta de mis deseos hacia donde he dirigido todas mis pobres acciones, todos mis suspiros!

¡Si, Oh Jesús mío! Tú sabes que te amo tanto, que no se explicar la grandeza, sin ti estoy muerta y sin tu gusto me siento la creatura más infeliz.

Si tu estas contento de mí, ¿Qué podrá perturbar? Si tú estás conmigo, ¿Cómo te lo pido, oh amor de esta alma, quien podrá perjudicarme? Déjame, pues gozarme aun en medio de los sufrimientos, de las contradicciones, de las calumnias; yo sé que siempre me cerco más a ti. Por esto debo amarlos, tenerlos como amables, ¡desearlos! Es por esto por lo que te pido no alejar de mí tu Cruz, no me prives de tales sufrimientos, pues sin ellos no podre ya más vivir. Pero no seré audaz ni presumida; pido tu gracia, tus fuerzas, oh Jesús, de otro modo el peso de tan saludable cruz me oprimirá haciéndome perder la paciencia y por lo mismo tu gusto y todo el mérito.

Lo espero porque sé que me amas tanto y yo te lo pido por aquella sangre divina que derramaste por mí, por tu Nombre, oh Niño de mi corazón, imán que atrae el alma mía. ¡De nuevo te lo pido. Jesús, que eres mi único amor!

¡Viva Jesús! Este es el grito de mi Corazón.

¡Viva Jesús! Este es el movimiento de mis labios.

Si, oh Jesús, tu eres el consuelo confortantede mis tribulaciones, la dulzura en mis amarguras, la vida de mi vida. Oh, Jesús, único amor del alma mía, ven a morar en mí, indigna sierva tuya. ¡Tú sabes que te amo! Que solo a ti te deseo amar, que solo en ti deseo moverme. Amor eterno, abraza en amor mi corazón, consume en él lo que te desagrada y pon en él, cuanto es agradable a tus ojos purísimos. Te concedo plena libertad de hacer en mi tu beneplácito; no deseo si no estar unida a ti y solo a ti agradar, mi único sumo bien. ¡Ay, cuando pienso en cuanto te ofendí, quisiera morir de puro dolor! Que eso no hubiera acontecido, amor mío, oh Jesús bendito,  mi delicia. No puedo si no desaparecer a la vista de mi ingratitud para tanta caridad y me arrepiento de todo corazón.

Ahora no más ofensas; solo amor te quiero dar porque eres mi sumo bien, mi padre, mi creador, mi redentor, mi esposo y mi todo. Deja, oh Jesús, que el amor y el dolor opriman mi corazón y que, con estos dos sentimientos, expire el alma de tu indigna sierva, mientras confirme voluntad me ofrezco a ti para el tiempo y la eternidad. ¡Como deseo ser amada únicamente por ti! Las creaturas no traen a mi corazón sino espinas, tu solo, Oh dilecto, endulzas y confortas mi espíritu en medio de los sufrimientos y adversidades de la vida. En ti sumerjo mi corazón para que sea confirmado en tu amor.

Si, Oh Jesús, deja que tu sierva  goce de paz permanente en aquella soledad completa de afectos y de solicitudes terrenas que afanan el espíritu y lo distraen de ti. ¿Dónde encontrara el reposo que en ti encontraron todas las almas enamoradas de tu divina belleza salva, Oh esposo, a tu esposa, bendice a la que ha dedicado enteramente a ti los suspiros, los movimientos y todos los afectos del corazón. Hiere mi corazón con tan potente flecha, que caiga víctima de aquel amor que quiero sea mi vida y causa de mi muerte, para gozarte y amarte después sin velos en el cielo. Amen.

***

Amable gozo de mi alma, adorado Jesús mío, único esposo, ¿Por qué me has abandonado ¡ Así en medio de tantas penas y perplejidades! ¿Por qué no vienes a mí que me acongojo por darte gusto? ¿Qué será ?¿ Ya no me quieres? ¿Me has olvidado? ¡Oh, no, dulce Jesúsmío, yo si lo merezco pero tú no eres capaz! : ¡Eres la misma bondad! Pero dime: ¿Por qué sufriendo se me aumenta el deseo de sufrir y siento nueva congoja por no sufrir? Explícamelo tú, ¡Oh dulce amor! ¡Tú que exclamaste en la cruz “sitio” – “tengo sed”! ¿No estabas contento con tantos sufrimientos padecidos en la cruz por mi amor, si no que todavía deseabas sufrir más? ¡Oh Jesús, amor!, no olvido lo que tantas veces has dicho: que querías hacerme semejante totalmente a ti, y hacerme viva imagen de ti crucificado, ¿Por qué lo olvido ahora? Con esta sed que infundes en mi corazón, ¿quieres tu que yo me sienta sosegada y no me queje contigo para saciar el anhelo que bulle en él? Sitio: tengo sed, sí, tengo sed de sufrir, ¿y no es esto la más hermosa contraseña que tu das al alma que tu amas ¿ y qué puede hacer el alma que te ama sino querer aceptar el sufrimiento y anhelar siempre sufrir por las almas? Si, Oh Jesús, enséñame a sufrir y te sabré amar, Oh Jesús o padecer o morir, pues no resisto más esta sed que no cesa de crecer cada díamás y más por los pobres pecadores. Que alegría siento al pensar que el acrecentamiento de este anhelo ha sido siempre la señal de nuevos y más grandes sufrimientos que ofrezco por las almas.  ¡Feliz de mi! O cruz amable, ven, recíbeme entus brazos donde yo pueda con mi amado padecer y agonizar cooperandoasí a la redención. Así nada es más dulce que el sufrir y aunque la sensibilidad se espanta y siente angustia, al alma mía es tan caro el sufrimiento por los pecadores que no lo cambiare por los consuelos. Ven, pues, Oh Jesús. A preparar mi alma para aquel sufrir que tu corazón amoroso a dispuesto para mí. Pronto, Oh amor, pues siento gran impaciencia en esperar. Ven, o cruz bendita que te aguardo con los brazos abiertos para abrazarte a semejanza de Jesús, ¡pueda yo morir en ti, consumada por la sed de amor!

La cruz, las espinas y los clavos, son el don que, aunque indigna, te pido suplicante, Oh rey del corazón.

(La madre Teresa dice con todo lo anterior lo que San Pablo Dijo: “completo en mi carne lo que falta a la pasión de cristo”. ¡Tal es el celo por la conversión de los pecaderos que experimentan los místicos! )

¡ Amor crucificado!, que mi vida este unida a ti: no quiero placeres, que no se adapten a la esposa del crucificado. Cruz adorada, lecho nupcial sobre el cual quiso mi Jesús dejar su preciosa vida. ¡Oh cruz, cátedra de enseñanza, cuantas verdades, cuantas lecciones de sublime sabiduría tu nos das! ¿Cómo no deberé suspirar por ti? Ven, te invito, pues, ven hacerme feliz uniéndome a mi esposo, crucificado para que yo pueda tener parte en sus dolores y agonía redentora. Que todos me abandonen, que todos me desprecien, que todos me olviden con tal de ser amada por ti, Oh Jesús, unida a ti con lazos indisolubles de amor. Que en ti solo encuentre mi reposo. Así lo espero de tu amor que todo me lo concederá. Amen.

***

Déjame, Jesús, encontrar un medio, déjame Oh divino amante saciar el ansia de mi corazón. ¿Cómo? Acéptame por compañera de redención. Pero… ¿es mucho pedir? Perdóname el atrevimiento: el deseo de verte amado por todo el mundo me impulsa, acéptame si por compañera en la redención, te lo ruego. Dame la suerte y dicha de conducir por mis sufrimientos, almas hacia ti, que te ayude en tu misión, ¿y no estoy obligada a ello? ¿y no supone esto el título de esposa?, si, lo deseo, dame las fuerzas y entonces darás refugio a esta alma conduciendo a ti almas, mas almas que tanto te costaron, toda la sangre, toda tu preciosa vida. Los amo a todos en ti. Oh Jesús, los quiero a todos salvos son tus hijos, mis hermanos, sálvalos a todos y que todos gocen el fruto de tu preciosa sangre y de tu muerte por los siglos de los siglos. Amen.

(Con estos acentos místicos nos enseña nuestra madre Teresa el sentido de tesoro salvador que tiene el sufrimiento,  nuestros sufrimientos, fuera de Cristo redentor inexplicables).

¡Oh! Jesús, delicia y vida del alma creyente y amante,  Jesús, vida del alma que solo suspira por ti, compréndeme, instrúyeme siempre más y consúmeme en ese fuego. Dime dónde estabas cuando me veías afligida y árida, calumniada y burlada, inculpada y reprendida por los que no me quieren. Tu escondido me veías sufrir y dándome fuerza no me abandonabas, al contrario, ¡más me amabas. Oh Jesús Oh amor mío¡sin ti no quiero más vivir; tu eres mi vida misma, tu eres mi aliento, tú has tomado posesión de mi corazón…  Y ahora has vuelto, otra vez te haces sentir, de nuevo experimento junto a mí, delicias, más, ¿Cómo no muero?  ¿Por qué la muerte no viene a hacer feliz esta alma que ya no suspira sino por la fuerza del afecto que la une indisolublemente a su amado? Venga pronto este día afortunado. Suspirando continuamente me demoro contigo con el pensamiento y el afecto. ¡Jesús! Para mí la muerte será vida, ven, pues, Oh vida, Oh puerta por donde podre introducirme y contemplar cerca de mi amado, único objeto de mis anhelos, de mis delicias. Que yo te abrace, que diluyéndome en el amor acabe esta vida que me impide la delicia de estar contigo unido en aquella mansión eterna donde jamás podre ser separada de ti. Amen.